De monstruos y cíborgs

En Fenomenología de la percepción (1945), el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty señaló que el ser humano percibe y se comunica con el mundo por medio de experiencias corpóreas. Así, el cuerpo es la instancia que media entre el sujeto humano y su entorno. Esta función de vínculo fundamental reafirma la idea del filósofo: “La persona es el cuerpo” (41). Esta cita utilizada por Saona en De monstruos y cíborgs ilustra la relación entre el ser humano, su cuerpo, su identidad y el reconocimiento de su subjetividad. Estamos ante un ensayo literario que aborda, en 34 apartados de variada extensión, la crisis que enfrenta el ser humano al descubrirse con un cuerpo transgredido—y transgresor—cuyo corazón roto necesita un repuesto que lo haga funcionar de nuevo. Se presenta una etapa en la lucha humana por subsistir tanto física como mental y emocionalmente cuyo episodio anterior se recoge en el poemario Corazón de hojalata/Tin heart (2017) de la misma autora. En este libro autoficcional, Saona aborda la experiencia del trasplante de corazón de otra persona que donó sus órganos al morir. En De monstruos y cíborgs, la historia del cuerpo transgredido continúa ya que el trasplante no ha sido suficiente. Hay que añadir un elemento que mantenga al cuerpo funcionando: una válvula. La primera válvula que se le inserta es de un animal, una válvula porcina que permite reflexionar sobre los xenotrasplantes, la combinación de órganos de dos especies distintas, la humana y la animal, un puerco. Surge así el monstruo que nos amenaza con la deshumanización.Este libro inicia con la declaración que la protagonista autoficcional es un un monstruo involuntario (1). Nos recuerda que etimológicamente la palabra “monstruo” alude a prodigio que sirve como un aviso (“monere”) de los dioses. Dicho aviso es una advertencia ante las transgresiones que amenazan y alteran el mito de la integridad humana. Sin embargo, la válvula animal falla y el cuerpo de la protagonista se somete al procedimiento que instala una válvula mecánica para que el corazón mantenga vivo al cuerpo. En este momento surge el cíborg, un monstruo construido por las máquinas, la ciencia y la tecnología.La voz principal del ensayo plantea situaciones que permiten al lector preguntarse si la protagonista tiene una vida artificial porque la máquina interviene en el tejido orgánico. Acudiendo al filósofo griego Plutarco, la autora se pregunta hasta cuántas partes de un barco se pueden reemplazar antes de que deje de ser barco. Es decir ¿en qué momento la hibridez de su cuerpo la va a convertir en un ser no humano? ¿Cómo se manifestará el impacto de esta deshumanización en su subjetividad y su identidad? ¿Se puede ser yo y distinguirse de los otros con un cuerpo intermedio en el que confluyen elementos de otros seres vivos así como artificiales creados por el hombre? ¿Cuáles son las consecuencias de haber rebasado las fronteras de ese cuerpo que Merleau-Ponty señala como característica fundamental de la persona? Así, reflexiona la autora, la aparición del monstruo y el cíborg, ejemplos de alteridades de la especie humana, atenta contra el mito de la integridad de la unidad orgánica de lo que significa ser un ser humano con un cuerpo enteramente humano. A partir de las reflexiones de Donna Haraway (el cíborg es un resultado de la relación humana con la tecnología y marca un límite entre lo humano y la máquina) y Gil Haddow (la subjetividad de los seres con cuerpos intermedios nos confronta con el mito de la integridad y la identidad del ser humano), Saona nos recuerda que monstruos y cíborgs asustan porque no corresponden al yo sino a sus otros. Por ello, atentan contra la sacralidad de la especie humana y el mito de su excepcionalidad.Estos cuestionamientos se encuentran en la base de exploraciones artísticas y literarias—desde mucho antes del siglo XX—sobre temas de literatura de horror y de ciencia ficción y otros géneros de la ficción especulativa. De monstruos y cíborgs nos entrega una jornada de transformación del cuerpo humano para preservar la vida con la intervención de la ciencia y la tecnología. Recurre a la intersección de fuentes científicas (Christiaan Barnard, Bradley Griffith, el caso de Baby Fae, Joshua Mezrich), ejemplos de la literatura universal (Margaret Shelley, H. G. Wells, José Donoso, Kazuo Ishiguro, Laura Riesco, Carmen Boullosa) y las reflexiones de intelectuales sobre cuerpos, monstruos y cíborgs (M. Merleau-Ponty, S. Wasson, D. Haraway, G. Haddon, entre otros). Es notable el continuo cuestionamiento sobre la consciencia del sujeto de dicho cuerpo y, con esto, la que se hace el mismo lector cuando se le plantea el enfrentamiento ante una hibridación de la especie y de la máquina que ha sido la forma de salvar al cuerpo y al sujeto: “la alternativa era dejarme morir” (1). La obra termina con una aceptación inquietante: “Soy un monstruo y un cíborg, soy una humana con partes de otros seres, abierta a virus y a infecciones. Soy una persona que no sabe qué quiere decir ‘yo’” (106).En conclusion, el ensayo literario de Saona funciona como un puente entre la reflexión personal y el cuestionamiento filosófico sobre la identidad del sujeto cuyo cuerpo ha transgredido los límites del mito de la integridad humana y la intervención de la ciencia que lo trata como una máquina. Este vaivén continuo entre medicina, tecnología, literatura y filosofía pone de manifiesto a la voz que habita un cuerpo híbrido cuya subjetividad es extraordinariamente humana. Esta es una de las razones por las que, en 2024, De monstruos y cíborgs recibió la mención honrosa en el Premio Nacional de Literatura de Perú.

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Journal
Letras Femeninas
Published
2025-01-01
DOI
https://doi.org/10.14321/jgendsexustud.51.1.0140
Primary Topic
Bioethics and Human Rights Issues
Type
article
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De monstruos y cíborgs

Rocío Quispe-Agnoli
Letras Femeninas
Bioethics and Human Rights Issues
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De monstruos y cíborgs

Rocío Quispe-Agnoli
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Abstract

En Fenomenología de la percepción (1945), el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty señaló que el ser humano percibe y se comunica con el mundo por medio de experiencias corpóreas. Así, el cuerpo es la instancia que media entre el sujeto humano y su entorno. Esta función de vínculo fundamental reafirma la idea del filósofo: “La persona es el cuerpo” (41). Esta cita utilizada por Saona en De monstruos y cíborgs ilustra la relación entre el ser humano, su cuerpo, su identidad y el reconocimiento de su subjetividad. Estamos ante un ensayo literario que aborda, en 34 apartados de variada extensión, la crisis que enfrenta el ser humano al descubrirse con un cuerpo transgredido—y transgresor—cuyo corazón roto necesita un repuesto que lo haga funcionar de nuevo. Se presenta una etapa en la lucha humana por subsistir tanto física como mental y emocionalmente cuyo episodio anterior se recoge en el poemario Corazón de hojalata/Tin heart (2017) de la misma autora. En este libro autoficcional, Saona aborda la experiencia del trasplante de corazón de otra persona que donó sus órganos al morir. En De monstruos y cíborgs, la historia del cuerpo transgredido continúa ya que el trasplante no ha sido suficiente. Hay que añadir un elemento que mantenga al cuerpo funcionando: una válvula. La primera válvula que se le inserta es de un animal, una válvula porcina que permite reflexionar sobre los xenotrasplantes, la combinación de órganos de dos especies distintas, la humana y la animal, un puerco. Surge así el monstruo que nos amenaza con la deshumanización.Este libro inicia con la declaración que la protagonista autoficcional es un un monstruo involuntario (1). Nos recuerda que etimológicamente la palabra “monstruo” alude a prodigio que sirve como un aviso (“monere”) de los dioses. Dicho aviso es una advertencia ante las transgresiones que amenazan y alteran el mito de la integridad humana. Sin embargo, la válvula animal falla y el cuerpo de la protagonista se somete al procedimiento que instala una válvula mecánica para que el corazón mantenga vivo al cuerpo. En este momento surge el cíborg, un monstruo construido por las máquinas, la ciencia y la tecnología.La voz principal del ensayo plantea situaciones que permiten al lector preguntarse si la protagonista tiene una vida artificial porque la máquina interviene en el tejido orgánico. Acudiendo al filósofo griego Plutarco, la autora se pregunta hasta cuántas partes de un barco se pueden reemplazar antes de que deje de ser barco. Es decir ¿en qué momento la hibridez de su cuerpo la va a convertir en un ser no humano? ¿Cómo se manifestará el impacto de esta deshumanización en su subjetividad y su identidad? ¿Se puede ser yo y distinguirse de los otros con un cuerpo intermedio en el que confluyen elementos de otros seres vivos así como artificiales creados por el hombre? ¿Cuáles son las consecuencias de haber rebasado las fronteras de ese cuerpo que Merleau-Ponty señala como característica fundamental de la persona? Así, reflexiona la autora, la aparición del monstruo y el cíborg, ejemplos de alteridades de la especie humana, atenta contra el mito de la integridad de la unidad orgánica de lo que significa ser un ser humano con un cuerpo enteramente humano. A partir de las reflexiones de Donna Haraway (el cíborg es un resultado de la relación humana con la tecnología y marca un límite entre lo humano y la máquina) y Gil Haddow (la subjetividad de los seres con cuerpos intermedios nos confronta con el mito de la integridad y la identidad del ser humano), Saona nos recuerda que monstruos y cíborgs asustan porque no corresponden al yo sino a sus otros. Por ello, atentan contra la sacralidad de la especie humana y el mito de su excepcionalidad.Estos cuestionamientos se encuentran en la base de exploraciones artísticas y literarias—desde mucho antes del siglo XX—sobre temas de literatura de horror y de ciencia ficción y otros géneros de la ficción especulativa. De monstruos y cíborgs nos entrega una jornada de transformación del cuerpo humano para preservar la vida con la intervención de la ciencia y la tecnología. Recurre a la intersección de fuentes científicas (Christiaan Barnard, Bradley Griffith, el caso de Baby Fae, Joshua Mezrich), ejemplos de la literatura universal (Margaret Shelley, H. G. Wells, José Donoso, Kazuo Ishiguro, Laura Riesco, Carmen Boullosa) y las reflexiones de intelectuales sobre cuerpos, monstruos y cíborgs (M. Merleau-Ponty, S. Wasson, D. Haraway, G. Haddon, entre otros). Es notable el continuo cuestionamiento sobre la consciencia del sujeto de dicho cuerpo y, con esto, la que se hace el mismo lector cuando se le plantea el enfrentamiento ante una hibridación de la especie y de la máquina que ha sido la forma de salvar al cuerpo y al sujeto: “la alternativa era dejarme morir” (1). La obra termina con una aceptación inquietante: “Soy un monstruo y un cíborg, soy una humana con partes de otros seres, abierta a virus y a infecciones. Soy una persona que no sabe qué quiere decir ‘yo’” (106).En conclusion, el ensayo literario de Saona funciona como un puente entre la reflexión personal y el cuestionamiento filosófico sobre la identidad del sujeto cuyo cuerpo ha transgredido los límites del mito de la integridad humana y la intervención de la ciencia que lo trata como una máquina. Este vaivén continuo entre medicina, tecnología, literatura y filosofía pone de manifiesto a la voz que habita un cuerpo híbrido cuya subjetividad es extraordinariamente humana. Esta es una de las razones por las que, en 2024, De monstruos y cíborgs recibió la mención honrosa en el Premio Nacional de Literatura de Perú.

Letras FemeninasVol. 51(1)
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