“El feminismo no es nuevo.” Las crónicas de Clotilde Betances Jaeger

Clotilde Betances Jaeger (1894-1979) fue una escritora, pensadora y activista puertorriqueña que contó con una prolífica producción periodística aparecida en espacios como Nueva York o España, durante el tránsito hacia la Segunda Guerra Mundial. En sus columnas, ya sea como lectora o cronista, Betances incidió en la condición de la mujer latina en el espacio americano, avizoró la guerra por venir, criticó el avance depredador del imperialismo estadounidense y marcó un espacio de enunciación donde interpelaba a sus lectoras a repensar la necesidad de una nueva imagen femenina con miras a un empoderamiento y agencia en el devenir político y cultural de la década de 1930.Con el fin de restituir el papel capital de Betances, la investigadora María Teresa Vega-Rojas realiza un puntilloso trabajo de archivo para recuperar sus escritos diseminados en medios como Gráfico o La Prensa (Nueva York), Iniciales. Revista de los Espíritus Libres (Barcelona), Puerto Rico Ilustrado (San Juan) e, inclusive, publicaciones de corte anarquista como Brazo y Cerebro. Periódico de Orientación Anarquista (La Coruña). De hecho, el conjunto de textos se ha divido en seis secciones que transitan por la pluma heterogénea de la autora y permiten establecer diversas aristas de reflexión que abarcan desde la concepción de la mujer hasta los escritos ficcionales. Asimismo, la presente edición cuenta con una breve introducción crítica que sitúa la figura y la valía de la puertorriqueña en la producción escrita por sus compatriotas en escenarios americanos y europeos, además de una serie de apéndices donde se hallan los dichos y respuestas con los que dialogó nuestra escritora.Un tema medular, y que titula el libro, es la relación entre la posición de la mujer y un feminismo emergente. Así, un grupo de crónicas, publicadas en Nueva York, se gesta como cuestionamiento continuo a los roles tradicionales asignados a las mujeres: el matrimonio como una pesada carga que aniquila la voluntad femenina y termina generando una relación de dependencia cosificadora, pues ésta es un mero depósito de su honra; la necesidad de enseñar sobre el placer sexual y emancipar a las adolescentes del modelo del ángel del hogar para evitar el embarazo prematuro y la pérdida de autonomía; la deconstrucción de la sagrada imagen materna que obedece a principios patriarcales y genera, a su decir, una caterva de momias limitadas a obedecer; y la justificación de la infidelidad dentro de matrimonios concertados en los que la novia carece del discernimiento necesario sobre su destino.Estos escritos resaltan por la actualidad de sus temas y el establecimiento de comparaciones aparentemente contradictorias; verbigracia, se equipara a Hércules con las mujeres porque ambos deben “. . . llevar a cabo los doce dolores del parto” (20), aunque el alumbramiento no se estructura a rededor de la perfección de la prole sino de las propias mujeres. En contraposición, Betances apela al discurso de la madre abnegada para persuadir a las latinas respecto a la importancia de involucrarse activamente en el discurso antibelicista. Dicha estrategia no es nueva, puesto que corresponde a las denominadas tretas del débil, siguiendo a Josefina Ludmer, quien se vale de la experiencia de Sor Juana y de su supuesto rechazo al “decir,” amparándose en su ser mujer, para conjurar la autoridad religiosa que la instaba a dejar de aprender. Así, identifica los discursos del amor y de la paz como atributos propios de la femineidad: guardiana del hogar y, por extensión, de la nación. Si bien es cierto que puede resultar contradictorio en alguien que reniega de los roles asignados per se, la puertorriqueña enarbola tales imaginarios para direccionar a la mujer a opinar sobre la guerra e impulsarla a actuar en contra de las políticas probélicas imperantes en Estados Unidos.El otro tema transversal es el de la condición de los subalternos frente a un capitalismo en aras de consolidación: la periodista hermana el discurso feminista con el de grupos racializados y condenados a una dinámica empobrecedora. Por ejemplo, duda que la emancipación de la comunidad afroamericana se haya materializado, pues detecta la existencia de una estructura racista donde se sigue explotando y soslayando ya no solo, en sus palabras, a los negros, sino también a los amarillos, rojos y latinos. Su discurso busca, de ese modo, trascender la condición de la mujer y pensar al ser humano a nivel global: su mirada detecta una matriz colonial iniciada cuando Europa depreda los recursos y la vida de miles de africanos y latinoamericanos, a quienes esclaviza y mata anclándose en una supuesta superioridad blanca. Tal proceder no ha concluido y es ejercido, aunque ya en una fase mucho más sofisticada, por Norteamérica al usufructuar los recursos y la soberanía de países como Cuba y Puerto Rico. En tal modo, sugiere una alianza panamericana que hermane naciones bajo un denominador común: la lengua hispana y el pasado colonial, lazos que ayuden a resistir y combatir pretensiones imperialistas, de ahí que instale la necesidad de erigir un panteón heroico propio.Finalmente, es pertinente resaltar que las alusiones escriturales abordan la disolución de un núcleo familiar idealizado, en tanto que numerosas son las referencias a Ibsen y su personaje Nora, dama flor que dinamita el paradigma de la fémina burguesa para acabar trazando la necesidad de una emancipación económica y espiritual. Igualmente, sus reseñas están permeadas por su concomitancia con la infidelidad: desde esposas que abandonan su hogar y, en un acto ético, apuestan por su felicidad hasta féminas arrostradas por un frenesí sexual. Betances, de esa forma, ilumina un lado oscurecido/ocultado: el deseo como un espacio para desembarazarse de prejuicios y abandonar el rígido corsé que la sociedad ha impuesto sobre las mujeres, las cuales eran víctimas de padres y esposos que las contemplaban como meras posesiones. En suma, El feminismo no es nuevo se constituye como una recuperación esencial para el reconocimiento de un feminismo precursor que reclamó su singularidad y agencia en un medio donde se creía que las voces latinas carecían de autoconciencia.

Authors

Institutions

Publication Details

Journal
Letras Femeninas
Published
2025-01-01
DOI
https://doi.org/10.14321/jgendsexustud.51.1.0158
Primary Topic
Afro-Latin American Studies
Type
article
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“El feminismo no es nuevo.” Las crónicas de Clotilde Betances Jaeger

Helen Garnica Brocos
Letras Femeninas
Afro-Latin American Studies
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“El feminismo no es nuevo.” Las crónicas de Clotilde Betances Jaeger

Helen Garnica Brocos
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Abstract

Clotilde Betances Jaeger (1894-1979) fue una escritora, pensadora y activista puertorriqueña que contó con una prolífica producción periodística aparecida en espacios como Nueva York o España, durante el tránsito hacia la Segunda Guerra Mundial. En sus columnas, ya sea como lectora o cronista, Betances incidió en la condición de la mujer latina en el espacio americano, avizoró la guerra por venir, criticó el avance depredador del imperialismo estadounidense y marcó un espacio de enunciación donde interpelaba a sus lectoras a repensar la necesidad de una nueva imagen femenina con miras a un empoderamiento y agencia en el devenir político y cultural de la década de 1930.Con el fin de restituir el papel capital de Betances, la investigadora María Teresa Vega-Rojas realiza un puntilloso trabajo de archivo para recuperar sus escritos diseminados en medios como Gráfico o La Prensa (Nueva York), Iniciales. Revista de los Espíritus Libres (Barcelona), Puerto Rico Ilustrado (San Juan) e, inclusive, publicaciones de corte anarquista como Brazo y Cerebro. Periódico de Orientación Anarquista (La Coruña). De hecho, el conjunto de textos se ha divido en seis secciones que transitan por la pluma heterogénea de la autora y permiten establecer diversas aristas de reflexión que abarcan desde la concepción de la mujer hasta los escritos ficcionales. Asimismo, la presente edición cuenta con una breve introducción crítica que sitúa la figura y la valía de la puertorriqueña en la producción escrita por sus compatriotas en escenarios americanos y europeos, además de una serie de apéndices donde se hallan los dichos y respuestas con los que dialogó nuestra escritora.Un tema medular, y que titula el libro, es la relación entre la posición de la mujer y un feminismo emergente. Así, un grupo de crónicas, publicadas en Nueva York, se gesta como cuestionamiento continuo a los roles tradicionales asignados a las mujeres: el matrimonio como una pesada carga que aniquila la voluntad femenina y termina generando una relación de dependencia cosificadora, pues ésta es un mero depósito de su honra; la necesidad de enseñar sobre el placer sexual y emancipar a las adolescentes del modelo del ángel del hogar para evitar el embarazo prematuro y la pérdida de autonomía; la deconstrucción de la sagrada imagen materna que obedece a principios patriarcales y genera, a su decir, una caterva de momias limitadas a obedecer; y la justificación de la infidelidad dentro de matrimonios concertados en los que la novia carece del discernimiento necesario sobre su destino.Estos escritos resaltan por la actualidad de sus temas y el establecimiento de comparaciones aparentemente contradictorias; verbigracia, se equipara a Hércules con las mujeres porque ambos deben “. . . llevar a cabo los doce dolores del parto” (20), aunque el alumbramiento no se estructura a rededor de la perfección de la prole sino de las propias mujeres. En contraposición, Betances apela al discurso de la madre abnegada para persuadir a las latinas respecto a la importancia de involucrarse activamente en el discurso antibelicista. Dicha estrategia no es nueva, puesto que corresponde a las denominadas tretas del débil, siguiendo a Josefina Ludmer, quien se vale de la experiencia de Sor Juana y de su supuesto rechazo al “decir,” amparándose en su ser mujer, para conjurar la autoridad religiosa que la instaba a dejar de aprender. Así, identifica los discursos del amor y de la paz como atributos propios de la femineidad: guardiana del hogar y, por extensión, de la nación. Si bien es cierto que puede resultar contradictorio en alguien que reniega de los roles asignados per se, la puertorriqueña enarbola tales imaginarios para direccionar a la mujer a opinar sobre la guerra e impulsarla a actuar en contra de las políticas probélicas imperantes en Estados Unidos.El otro tema transversal es el de la condición de los subalternos frente a un capitalismo en aras de consolidación: la periodista hermana el discurso feminista con el de grupos racializados y condenados a una dinámica empobrecedora. Por ejemplo, duda que la emancipación de la comunidad afroamericana se haya materializado, pues detecta la existencia de una estructura racista donde se sigue explotando y soslayando ya no solo, en sus palabras, a los negros, sino también a los amarillos, rojos y latinos. Su discurso busca, de ese modo, trascender la condición de la mujer y pensar al ser humano a nivel global: su mirada detecta una matriz colonial iniciada cuando Europa depreda los recursos y la vida de miles de africanos y latinoamericanos, a quienes esclaviza y mata anclándose en una supuesta superioridad blanca. Tal proceder no ha concluido y es ejercido, aunque ya en una fase mucho más sofisticada, por Norteamérica al usufructuar los recursos y la soberanía de países como Cuba y Puerto Rico. En tal modo, sugiere una alianza panamericana que hermane naciones bajo un denominador común: la lengua hispana y el pasado colonial, lazos que ayuden a resistir y combatir pretensiones imperialistas, de ahí que instale la necesidad de erigir un panteón heroico propio.Finalmente, es pertinente resaltar que las alusiones escriturales abordan la disolución de un núcleo familiar idealizado, en tanto que numerosas son las referencias a Ibsen y su personaje Nora, dama flor que dinamita el paradigma de la fémina burguesa para acabar trazando la necesidad de una emancipación económica y espiritual. Igualmente, sus reseñas están permeadas por su concomitancia con la infidelidad: desde esposas que abandonan su hogar y, en un acto ético, apuestan por su felicidad hasta féminas arrostradas por un frenesí sexual. Betances, de esa forma, ilumina un lado oscurecido/ocultado: el deseo como un espacio para desembarazarse de prejuicios y abandonar el rígido corsé que la sociedad ha impuesto sobre las mujeres, las cuales eran víctimas de padres y esposos que las contemplaban como meras posesiones. En suma, El feminismo no es nuevo se constituye como una recuperación esencial para el reconocimiento de un feminismo precursor que reclamó su singularidad y agencia en un medio donde se creía que las voces latinas carecían de autoconciencia.

Letras FemeninasVol. 51(1)
Michigan State University (US)
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Afro-Latin American Studies
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